jueves, 9 de febrero de 2012

Cuando hay voluntad, ¡no hay imposibles!

16 mujeres (15 mozambicanas y 1 vasca) continuamos, por segundo año consecutivo, esforzándonos para ver realizado nuestro sueño de crear la primera Asociación de Mujeres Emprendedoras que va a dar la Escuela-Taller de Asociaciones de Mujeres Emprendedoras de Inharrime, en Inhambane (Mozambique).

El grupo actual de 15 mujeres, que ya está en proceso de oficializarse como Asociación, participa, semanalmente, en la formación teórica (“Cómo comenzar un Negocio”, “Plan de Negocio”) y en la formación práctica (producción y venta de productos agrícolas) sobre emprendedurismo, que tiene lugar en nuestra Escuela-Taller Mame Txitinga Txahombe, ubicada en el barrio de Madovela.

Además de esto, en febrero de este año 2012 vamos a dar inicio a los cursos de capacitación en costura. Prevemos que, para comienzos de 2013, la Asociación Intuanano (“Unidas”, en lengua local chopi) haya producido su primer lote de uniformes escolares que, inmediatamente, pondrá a la venta, inaugurando, así, el negocio escogido por ellas en la previa fase de la formación empresarial y que posibilitará una considerable mejora en la calidad de vida de ellas y de sus familias.

Los medios de los que disponemos en la Escuela-Taller no son muchos, pero constituyen un mínimo para dar continuidad al proyecto: disponemos de nuestra Escuela en materiales locales –¡este nuevo año equipado con mesas y bancos!-; un pequeño terreno para producción agrícola; una residencia que acoge a la voluntaria coordinadora del proyecto (Idurre Ormaetxea) y hará las veces de almacén y sala de costura, entre otros. Disponemos de 2 máquinas de coser cedidas por las FMA de Inharrime y contamos con constituir durante este año un Equipo Facilitador formado por la coordinadora del proyecto, una profesora de costura, una técnica en agricultura y la futura profesora de Emprendedurismo de la Escuela-Taller que es, a la vez, miembro de la nueva Asociación Intuanano.

Juntas, queremos trabajar este año 2012 con el objetivo de sacar adelante una Asociación fuerte, constituida de mujeres formadas y capacitadas para realizar con éxito y con autonomía el negocio escogido por ellas.

El sueño que abrazamos requiere de una voluntad inquebrantable y de un esfuerzo sin límites. Las mujeres que lo soñamos, somos dueñas de esa voluntad inquebrantable y de ese esfuerzo ilimitado. ¡Unidas, Intuanano, tendremos nuestros sueños en las palmas de nuestras manos!


Idurre

jueves, 19 de enero de 2012

En el ecuador de mi experiencia, “ya pues Sandra…”

Hola a todos y todas, gracias por leer este pequeño relato sobre lo que esta siendo mi experiencia en el hogar Casa Maín, en Santa Cruz.

Llevo ya un mes en el hogar y dos en Bolivia pues antes de iniciar mi proyecto pasé un tiempo con mi madre y mi hermano acá, ella es boliviana y gracias a su sacrificio ahora puedo decir que estoy aquí, al otro lado del charco a miles de kilómetros de mi otro país, España. Aprovecho un pequeño descanso para escribir

y digo pequeño porque si una se lo propone, puede no tener tiempo en el que aburrirse, ¡hay mucho que hacer! En este hogar hay cerca de 120 peladitas (niñas, dicho cariñosamente), la mayor parte de mi tiempo he disfrutado de 50 de ellas que son las que no han podido salir de vacaciones con sus familias pues o bien han sido abandonadas o ellas mismas han escapado de su casa a causa de la violencia parental o corren un elevado riesgo de

ser maltratadas (maltrato en cualquiera de sus tipos, especialmente sexual) por sus familiares.

Me veo como una niña inocente ante ellas y es que, como le contaba a una de las grandes que vive aquí pero ya de manera independiente, cuando una no tiene a nadie conocido a quien le haya ocurrido semejantes destrozos en su vida o tiene la suerte de no haber vivido esas tristes situaciones, pues digamos que es inocente ante esos márgenes de la sociedad, que sabe que existen, pero que no se toma conciencia de ello. En el momento en que miras a la cara a una niña de 8 años de edad por la que sientes cariño porque ya la conoces y te paras a pensar en que ha sido abusada sexualmente por su papá, es ahí cuando el corazón se te cae a los pies y cuando esa inocencia con la que tu venías a realizar tu voluntariado, se va volando.

Por suerte y para mi tranquilidad emocional que a veces se tambalea, estas niñas siempre tienen una gran sonrisa de oreja a oreja, siempre guardan un abrazo fuerte para mí, aunque no entre ellas, siempre piden en la noche que les de mi bendición. A pesar de lo que han podido vivir y de la pérdida precoz de su inocencia, luego haces un juego “infantil” y se lo pasan en grande y eso me llena de ilusión. Saben que tengo un hermano de 14 años y en varias ocasiones les he hecho hincapié en la enorme diferencia que veo entre las que tienen su edad aproximada y él, ellas están mucho más desarrolladas en cuanto a las labores que realizan en el hogar, su forma de pensar y de actuar o si no mismamente yo me comparo con ellas cuando tenía su edad.

He llegado al hogar en una época muy bonita, vacaciones de verano y Navidad, he disfrutado a tope de las niñas/chicas. A los tres días de llegar al hogar, me fui de campam

ento con ellas; ahí es donde tuve la oportunidad de conocerlas a fondo. Después, como viaje sorpresa para las 25 que no tienen familia siquiera que les visite en el hogar, viajamos a Cochabamba, otro departamento de Bolivia. Todo esto ha supuesto para mi una aventura, viajar con tantas niñas, organizar el día a día y, sobre todo, dejarme querer por ellas sin a penas conocerme.


En el tiempo que llevo aquí, he tratado de involucrarme por completo en sus vidas; con razón me preguntan por qué como con ellas y no en el comedor de voluntarios/as como hacen las demás, lo cierto es que ellas me están enseñando muchas cosas que son esenciales para vivir modestamente de espíritu, pero que en el primer mundo no percibimos o no queremos darnos cuenta. Río con ellas todo el tiempo, excepto cuando tienen que hacer oficio o cuando pasamos clases; a veces, eso implica que se cojan el brazo entero cuando tú solo les das medio, pero no me importa, vengo aquí como voluntaria a disfrutar con ellas y a que si les digo una broma, tengan la confianza conmigo como para decirme: “ya pues Sandra”.


Sandri, voluntaria 2011-2012

lunes, 16 de enero de 2012

Empezamos con ganas!!!

El domingo 15 de enero, tuvimos la sesión de juegos con Iñaki como años interiores. Dentro de calendario de formación de los voluntarios "nuevos" y veteranos tenemos el juego como herramienta educativa. Además de aprender para poder desarrollar nuestras actividades en el campos de trabajo de un país del sur, también tiene la función conocernos un poco más y comenzar a dar nuestros pasos como grupo hacia nuestro objetivo común.
Hicimos juegos de presentación, conocimientos, movimiento, contacto, de cooperación, de afirmación... y un taller de "pompas de jabón". Realmente fue una jornada muy completa.




Además contamos con algún voluntarios veterano que compartió tiempo con los nuevos y que luego trabajaron un tema específico con Julia y Marta (voluntarias). Fueron las encargadas de llevar a cabo la sesión específica para los voluntarios más "veteranos". Les explicaron algún juego más, alguna danza e hicieron un taller de cuenta-cuentos.


Terminamos todos junto bailando el "chipi-chipi".
¿Cuándo repetimos?



jueves, 17 de noviembre de 2011

Alberto desde Guinea Ecuatorial


¡Hola! os escribo desde Guinea Ecuatorial, aquí la verdad que las cosas bastante bien. La comunidad me ha acogido con los brazos abiertos y me encuentro muy agusto en la vida de cada día. En el colegio las cosas van bien, la mayoría de los alumnos tenían muchas ganas de empezar la educación física. Y aunque haya alguno, más bien mayor, algo vago y que no le apetece mucho dar las clases, en líneas generales todo está yendo muy bien.

A veces da pena ver algunas situaciones tristes y no poder hacer nada. Y es peor aun el que se vivan con total naturalidad por ser hechos que ocurren con más asiduidad de la deseada. Algunas cosas se escapan de nuestro margen de actuación y no podemos hacer nada para cambiarlas, pero en todo lo que entra dentro de nuestras posibilidades es un placer poder echar una mano. La sonrisa de un niño es algo muy de agradecer y síntoma de que esos alumnos están disfrutando, pero lo más importante y satisfactorio es saber que lo que haces sirve para algo.

Mi idea es regresar en Enero para poder terminar el curso escolar. Estamos tramitando los papeles para que me concedan la residencia y poder cumplir este deseo. Un saludo para todos,

Alberto Herrero (Voluntario 2011)

lunes, 24 de octubre de 2011

¿FRÍO O CALOR?

Llevábamos mucho tiempo pidiendo que llegara, de verdad, el otoño, y aquí lo tenemos. Hoy hizo un día de esos de viento, de hojas secas volando y de frío, como para quedarse en casa, bien arropada y, por primera vez en meses, encender la calefacción (o, al menos, pensar en hacerlo).

Mirando toda esta estampa desde la ventana, mis pensamientos, como las hojas, volaron, aunque mucho más lejos, hasta Mozambique (y van…). Recordé un frío día de mayo en Maputo, donde amanecimos a unos 6 grados centígrados y yo me quejaba, en el desayuno, del frío que, poco preparada para esas temperaturas, se me metía por todo el cuerpo. En una de esas típicas conversaciones intrascendentes sobre las preferencias meteorológicas, di mi opinión al respecto:

- Yo, entre calor y frío, me quedo con el frío.

La directora de la comunidad que me acogía opinaba lo contrario:

- Yo me quedo con el calor. El calor, lo sufrimos todos por igual, pobres y ricos. Sin embargo, el frío, para la gente que vive en la calle y sin recursos, es insoportable.

Desde entonces, prefiero el calor y deseo con todas mis fuerzas que llegue el día en que el que todos, en cualquier pueblo o ciudad, podamos disfrutar de los días de frío…

arropados…

bajo un techo…

con paredes y ventanas con cristales desde los que contemplar la calle

…al calor de un hogar…

Ese día, ha de llegar.


Miriam Piqueras. Voluntaria de Madreselva

lunes, 12 de septiembre de 2011

Reflexiones de una voluntaria


Llevo dos días intentando escribir y resumir mi experiencia en Zway (Etiopia) pero sinceramente no tengo palabras para describir lo que he vivido en los días que he pasado allí, demasiados sentimientos juntos, pero todos tan gratificantes… asique simplemente os copio unas frases del pequeño diario que escribí:

Ya ha pasado más de una semana que he llegado a Zway , ya me siento adaptada a este lugar, aunque no ha sido fácil. Pensé que no me costaría tanto adaptarme a esto, pero es realmente dura la vida en este lugar…La ciudad es dura, mucha pobreza y miseria en todos lados a donde mires, niños corriendo descalzos y con apenas ropa…te ven por la calle y echan a correr tras nosotros, nos tocan, nos miran, nos siguen…Farengi nos llaman aquí a los blanco! Pero es increíble lo poco que tienen y lo fácil que es sacarle una sonrisa en sus caritas…

Sin duda ha sido una de las mejores decisiones que he tomado en vida y la mejor experiencia que he podido tener, y todos esos niños y sobretodo sus miradas y sus sonrisas las llevaré siempre conmigo y nunca las olvidare…

Rebeca (voluntaria 2011)

domingo, 21 de agosto de 2011

Que, mucha pobreza, ¿no?

Ésta es, quizá, la pregunta que más he escuchado desde que regresé de Mozambique después de pasar allí 10 meses. Confieso que mi respuesta, hasta ahora, no era la misma para todos: dependía del grado de interés que mostraran mis interlocutores o, para ser más exacta, del grado de interés que, a mi parecer, tenían los oyentes. Sin embargo, me doy cuenta de que eso no es justo: debo ofrecer la misma respuesta a todos (mi experiencia, al fin y al cabo) y dejar que cada uno forme su opinión sobre el grado de pobreza de la gente con la que he convivido este año.

Es eso lo que voy a hacer, voy a ofrecer una respuesta, a todo el que la quiera, sea quien sea. ¿Quieres conocerla? Puede que mi respuesta baste y te quedes tranquilo: ahora sabes un poco más del mundo y de cómo viven otros. Está bien. O puede que surjan muchas otras preguntas sobre la realidad de la que te hablo, sobre la realidad en la que tú vives, sobre ti mismo y tu relación con el mundo...¿Aceptas? Allá voy.

El salario mínimo en Mozambique, según tengo entendido, está fijado por el gobierno en 2500 meticais al mes (unos 50 euros). Conocí a gente que cobraba esa cantidad en la ciudad, pero no en el campo. Allí, los sueldos de la gente que conocía iban desde los 600 (12€) a los 1500 mt (30 €). Ese dinero, les sirve para comprar un saco de arroz por 600 mtn, pan, y té para el desayuno, algo de verdura o fruta de vez en cuando en el mercado, jabón para lavar la ropa y “tomar baño” y quizá para comprar un kilo de azúcar con el que “animar” el té. Toda la familia, suele depender de un único sueldo (si existe).

Así, no he visto morir a ningún niño o niña de hambre pero sí he visto cómo muchos de ellos y sus familias comían lo mismo día tras día, sin posibilidad de elegir menú, ajustando bien las provisiones para racionar los sacos de maíz, cacahuete y judías que habían conseguido recolectar en sus “machambas” (huertas) tras la época de lluvias.

He visto pasar frente a la casa de las hermanas a muchas mujeres y niñas con “baldes” en sus cabezas, en busca de agua para cocinar y limpiarse y he compartido con ellas cómo día a día aumentaba la preocupación por la falta de lluvia. Los kilómetros que debían recorrer para encontrar agua también aumentaban por cada día sin llover.

Todas las personas que conocí tenían un techo bajo el que dormir. Algunos de ellos, eran los propietarios del mismo. Otros, eran sus hijos e hijas, parejas, madres, padres, hijastros, hijastras, sobrinos, sobrinas, primos, primas…Dos habitaciones, no mayores que una cama de matrimonio, bien podían albergar el sueño de diez personas. Cada vez era más frecuente tener la posibilidad de hacerse con un colchón, pero lo más común era que durmieran en camas tradicionales de cuerdas (las mismas que servían como asiento de las visitas en el “quintal”) o en esteras de palma extendidas sobre el suelo.

Aquellos que no tenían casa, tarde o temprano encontraban a alguien que les dejaba dormir en la suya, a cambio de colaborar en las labores del hogar o en el cuidado de los niños de la familia. Aunque esto era una solución temporal que les obligaba a cambiar de hogar muy a menudo (con la consiguiente preocupación por buscar dónde dormir).

A veces, también, eran las familias quienes buscaban a sus hijos e hijas otras casas en las que vivir como criados.

Hablando de educación, la media de alumnos por aula era de 50 y en el curso inicial de primaria, podían convivir alumnos desde 5 a 14 años. Todos ellos, en educación primaria, tenían acceso a los libros de texto de forma gratuita, pero rara vez esos libros conseguían llegar al final del año en buenas condiciones: en parte, por el descuido de sus dueños; en parte; en parte, por falta de una buena “pasta” en la que trasportarlos; en parte, porque eran alimento de los ratones en sus casas.

Las escuelas que conocí tienen sólidas paredes, aunque por el tejado fácilmente se cuela el agua en la época de lluvias (al inicio de curso) y no tienen ventanas. Las páginas se pasan solas, los lápices ruedan por las mesas y los papeles vuelan en los días de viento…

En una ocasión (y me consta que no fue la primera vez), tuvieron que hacer un examen oficial a la sombra de una “mangueira” (un árbol) por falta de aulas.

En cuanto a salud, decirte que el lugar en el que pasé la mayor parte del tiempo disponía de un hospital recién construido y con un equipo médico muy competente (según la opinión de la doctora de una ONG suiza que colaboraba con ellos). Diariamente eran atendidas allí miles de personas, de todo el distrito. El diagnóstico más común: “no tienen sangre” (esto creo que me dará para otro artículo). Para recuperarse, en los casos de “sin sangre” más graves o para las operaciones, era necesario que un familiar donara dos litros de sangre al hospital o bien que desembolsaran el dinero para comprar la sangre necesaria para la intervención (no sé a cuánto estaba el litro).

Hasta hace un año, la electricidad no llegó a la zona. Ahora, poco a poco, va llegando a las casas, llevando la luz y también la radio, la televisión, aparatos de música y la posibilidad de cargar los móviles. Es cierto, sí, hay personas capaces de privarse de algunas comidas para conseguir comprar algún aparato. También te cuento que es normal tener un móvil, pero también es frecuente es no tener nada de crédito en él.

Como ves, traté de hablar sólo de aspectos económicos y sociales. Podría seguir contándote muchas más cosas, pero creo que es suficiente para que, ahora, emitas tu propio juicio y, o bien te quedes ahí, con tu opinión y tus conocimientos, o bien continúes.

Por mi parte, estoy abierta a ayudarte en lo posible a responder a esas nuevas inquietudes que pudieran surgir, aunque lo que deseo, de verdad, es que junt@s construyamos nuevas preguntas y, también junt@s, demos respuestas. Uno sólo no puede cambiar el mundo, pero tal vez unos cuantos…

Miriam Piqueras (Voluntaria veterana)