miércoles, 24 de abril de 2013

¿Por que un colegio en Casa Maín?


Hola a todos, mi nombre es Javi, soy un joven alcarreño de 32 años (Sí… Me sigo considerando joven, aunque algunos estamentos se encargaran hace tiempo de anunciarme que ya no pertenecía a ese grupo… ¡Lo que hay que oír!). Esta es la segunda vez que estoy en el Hogar Casa Maín, ahora bien, en esta ocasión puedo compartir la experiencia con mi novia, Bea, que qué les voy a contar… ¡es todo un regalo!

Intentaré explicar un poco cómo es esto, para que se hagan una idea del por qué un colegio:

La ciudad donde está ubicado el Hogar Casa Maín se llama Santa Cruz de la Sierra. Es una ciudad grande, creo que en extensión la más grande de Bolivia (aunque no estoy seguro). El centro de la ciudad, con sus matices claro está, es parecido a lo que nosotros entendemos por ciudad; aceras, calles asfaltadas, edificios más o menos altos, tiendas, restaurantes… Lo que viene siendo una ciudad…  Alrededor de este centro, la ciudad ha ido creciendo en forma de anillos y cuanto más te alejas se va notando que la zona es más pobre. De esto se puede dar uno cuenta cuando viaja en el micro (pequeño autobús público en el que las personas encajan como piezas de tetris) y pasas de unas zonas a otras… Para mí Santa Cruz es una ciudad de contrastes y siempre pongo el mismo ejemplo, pero es que me llamó la atención el ver un porsche cayenne junto a un carro tirado por dos caballos.
No he conseguido ver exactamente dónde se encuentra el Hogar Casa Maín, pero creo que está entre el sexto y el séptimo anillo… Aquí sólo la avenida principal está asfaltada (Avenida de Moscú) el resto de calles que rodean el hogar son de arena… con sus correspondientes perros, gatos, gallinas, algún caballo e incluso vacas… Algo que también me llamó la atención es la cantidad de basura por las calles. Cada día pasan a recoger la que está en las puertas de las viviendas e incluso se quema bastante, pero aun así, hay mucha basura por la calle. Incluso de algunas viviendas se pueden ver los reguerillos de agua sucia que salen a la calle…
En este entorno se encuentra el hogar, se puede decir que Casa Maín es un pequeño oasis. En el hogar hay varios edificios tres de ellos de dos plantas, que son donde duermen las chicas. Luego una capilla, una lavandería y una pequeña sala aparte. Todos ellos entre grandes árboles y jardines que cuidan con esmero las niñas. Los edificios donde viven las niñas son la primera, segunda y tercera etapa. En la primera etapa están las más pequeñas y aquellas que aunque un poco mayores, son nuevas en el hogar. En la segunda etapa viven las más veteranas y mayores y junto a ellas en una zona aparte las hermanas. Y en la tercera etapa vivimos los voluntarios y alguna chica ya mayor de dieciocho que no tiene a dónde ir y a las que las hermanas han decidido mantener en las instalaciones del hogar, aunque ya no llevan el ritmo del resto de las niñas. Tienen una especie de alquiler mientras realizan sus estudios.

Bueno, y ahora lo más importante… aquí hay unas 120 niñas… Oficialmente se acoge a niñas desde los cinco a los doce años y pueden permanecer hasta los dieciocho (aunque hay alguna excepción, como Yuliana, o “Pinkie” como la conocemos todos, que tiene 3 años y está aquí para no separarla de su hermana). La historia de cada niña es distinta y cada una tiene distintos motivos para estar aquí, pero sea por lo que sea, lleva detrás una dura experiencia de vida.

Al cargo de estas niñas hay ocho hermanas, que a veces son menos por distintos motivos, pero de cualquier forma es un número escaso para llegar a todas las niñas. Además hay una trabajadora contratada y hoy en día cuatro voluntarios (que en menos de un mes, con nuestra marcha y la de otra voluntaria belga, será una). De la prefectura reciben la ayuda de una trabajadora social (de la que todavía no tengo clara su función), dos o tres educadoras que echan una mano con los estudios por la mañana, una doctora un día o dos a la semana y hasta hace poco recibían la visita de una psicóloga.

Con el principio de curso todo esto está resultando caótico y está un poco en el aire; tan pronto llaman de la prefectura a las educadoras para que vayan a otro sitio, la psicóloga dice que ya no va a poder venir y que hay que ir a verla a ella, la doctora una semana viene un día, la siguiente dos, la siguiente no lo sabemos… Así que, aquí están las hermanas luchando como pueden para que esto marche adelante.

Cuando vine en octubre de 2009, las niñas estaban acabando el curso e iban a clase por la mañana, salvo cuatro niñas que iban por la tarde (hay tantos niños en la zona que tienen que hacer  turnos de mañana y tarde), al colegio “Tierras nuevas”, situado a unas tres cuadras (manzanas) del hogar. Antes de venir esta vez, nos enteramos del proyecto para construir un colegio para las niñas del hogar y la verdad es que me sorprendió un poco. Pero tras preguntar y ver la situación actual me explico mejor este proyecto;
Este año hemos llegado al comienzo del curso. Las niñas tenían que empezar en enero el curso y cuando las fueron a inscribir, se llevaron la sorpresa de que derruían el antiguo colegio para hacer uno nuevo. Ahora las niñas tienen que ir a colegios mucho más retirados (con el gasto en transporte que ello conlleva) y hablo en plural porque las de secundaria tienen que ir a uno y las de primaria a otro. Además, las 11 niñas de cuarto de primaria van por la mañana y el resto de niñas por la tarde (Esto parece que no tiene peso, pero influye mucho a la hora de cuadrar el horario de las niñas e incluso para contar con las educadoras de la prefectura).
Con cuentagotas, una semana unas, la siguiente otras y por fin esta semana las de secundaria, parece que por fin todas han empezado sus clases.

En este tiempo me estoy encargando de llevar a las niñas de cuarto de primaria hasta el colegio… Salimos a las 7:25 del hogar para intentar llegar a las 8:00 al colegio y digo intentar porque a veces hemos llegado tarde por la dificultad de coger un micro en el que entremos 12 personas de golpe. El micro nos deja en un punto y de ahí andamos dos cuadras hasta el colegio (hace dos semanas robaron a un niño en este trayecto).
Mientras las niñas de cuarto están en el cole, el resto de niñas de primaria y secundaria están haciendo sus tareas en los estudios del hogar. Bea está echando una mano a una de las educadoras con las niñas de tercero y alguna voluntaria, con el lío que hay con las educadoras, se queda sola con algún curso… no sé lo que pasará el día que faltemos los voluntarios… Espero que las hermanas consigan arreglarlo todo a tiempo.
A mi regreso al hogar echo una mano en lo que puedo a las de secundaria, sobre todo con sus investigaciones en internet.
A las 12:10 las niñas salen del cole, así que regreso a por ellas. A la vuelta es más complicado todavía coger el micro, tenemos que “pelear” con los alumnos de secundaria y el resto de niños que salen de primaria para intentar coger uno… Algún día hemos llegado a tardar cerca de una hora en volver…  Y cuando llegamos al hogar, después de andar otras tres cuadras, las niñas que quedaban en el hogar ya han comido y están preparadas para subir al micro (este lo  han contratado las hermanas para llevar a las niñas que van por la tarde a clase).

Podría decirse que esto es una situación temporal y que una vez terminada la construcción, las niñas podrían volver a su nuevo colegio y se acabaría el problema. Pero cuando hablé con la directora del hogar, me explicó los problemas que tenían cada año para inscribir a las niñas. El rechazo que reciben por parte de algunas familias del barrio, ya que, aun habiendo turno de mañana y tarde, muchos niños se quedan sin escolarizar por falta de plazas. E incluso el rechazo por parte de alguno de los docentes (si es así, la verdad es que no lo entiendo).

En conclusión, yo no puedo decir si es imprescindible el colegio. De lo que estoy seguro es de que podría venir muy bien tanto para las niñas del hogar, como para el barrio y estoy convencido de que sus aulas se llenarían.

Javier Molina Bernet. Voluntario de MadreselvaONGD

martes, 2 de abril de 2013

Calendario Etíope


Etiopía tiene su propio calendario, el calendario Juliano que es el antecesor del calendario gregoriano, adoptado por la mayor parte de los países del mundo tras la Reforma del Papa Gregorio XIII en 1582, una vez probado el desfase temporal que originaba el anterior. El calendario Juliano tiene 13 meses y va retrasado con respecto al nuestro (Gregoriano) 7 años. Así que… ¡En Etiopía están en el 2006!
Enkutatash es el día de año nuevo en Etiopía y se celebra el 11 de septiembre. En el caso de los años bisiestos, la fiesta es el 12. La Navidad se celebra el 7 de enero.
El sistema horario también es diferente. Como Etiopía está cerca del ecuador, en cualquier época del año amanece a las 6 de la mañana y anochece a las 6 de la tarde. A las 6 de la mañana que es cuando sale el sol, para los etíopes son las 12 en punto y cuando se hace de noche, a las 6 de la tarde, empiezan a contar las horas nocturnas. En Etiopía el día empieza con la puesta de sol y no a media noche como en el resto del mundo.


En Etiopía, Dilla, Madreselva tiene abierto un proyecto de crowdfunding en el que puedes colaborar: Proyecto en Dilla

Ayúdanos hacer difusión del mismo.

Texto elaborado por: Elena Álvarez (alumna en Prácticas)

martes, 26 de marzo de 2013

El agua, ese gran bien


Como semanas anteriores, seguimos informando del sur de India. En artículos anteriores hablamos sobre matrimonios concertados, naturaleza, castas, religión, etc. 
En este pequeño artículo y, aprovechando que ha sido el Día Internacional del Agua, vamos a hablar sobre los problemas de agua en India.


Hace sólo unos días que he vuelto a España y no paro de escuchar “Por favor que pare ya este invierno, que deje e llover” Si bien entiendo que el calorcito se echa de menos y que alegra la vida, el Agua también, y mucho más de lo que nos imaginamos. 

Vengo de un país en el que las personas se queman vivas debido a que no hay lluvia. Como no hay lluvia, no hay cultivos; como no hay cultivos, no hay que comer; como no hay que comer, no hay fuerza para ir a trabajar; como no hay fuerza para ir a trabajar, hay estrés, ansiedad, depresión y peleas familiares; como se dan todas estas situaciones, algunos padres y algunas madres se ven tan desesperados y desesperadas que intentan suicidarse. Esta es la realidad de algunas familias de agricultores en el sur de India. En el último año en las épocas de monzón las lluvias no han sido suficientes e, incluso, inexistentes. Esto ha llevado a perdidas de kilómetros de cultivos. Teniendo en cuenta que gran parte de la población vive de la agricultura, se entiende el malestar y el miedo a no saber cómo alimentar a sus familias, cómo pagar los artículos de primera necesidad, etc. 

A todo ello hay que añadir los problemas de salud relacionados al transporte de agua que niños y niñas y mujeres tienen ya que tienen que andar kilómetros y kilómetros en busca de agua que, en muchas ocasiones, está contaminada o no es suficiente para poder responder a todas las necesidades del día a día (aseo, cocina, limpieza de ropa, alimentación animales, beber, etc.) 

Entiendo que la gente quiere sol y quiere salir de casa, pero de verdad creo que no nos damos cuenta de la suerte que tenemos de tener un año de lluvias, ¿cuántas veces he escuchado en años anteriores, “no ha llovido suficiente, no ha hecho un buen invierno…?” ¿¡Y ahora nos quejamos porque llueve y nieva que es lo que hace en invierno?! Alegrémonos de tener agua, dancemos bajo la lluvia, cantemos mal para que llueva un poquito más (pero sin pasarse) y disfrutemos esta primavera y este verano de tener un agua de calidad que beber, una piscina donde bañarnos para quitarnos el calor, un grifo que nos ofrece agua siempre que queremos. ¡Aprendamos a apreciar lo que tenemos!

Por todo ello, desde Madreselva, consideramos que toda ayuda es buena, ya sea con ordenadores para las aulas, con lo cuales los niños y las niñas podrán ir accediendo a una educación mejor pudiendo, en un futuro, estudiar ingenierías que ayuden a solventar los problemas de agua; con construcción de tanques de agua, como realiza Madreselva en algunos poblados del Estado de Kerala; teniendo una concienciación mayor del ahorro de agua en nuestro país…Tú aportación vale más de lo que piensas, a pequeñita que sea, porque con pequeños detalles construimos grandes cosas, ¡Apoya MicroProyecto Tecnología para el futuro 2º fase! 

Más información del proyecto de crowdfunding: Tecnología para el Futuro 2º Fase en el siguiente enlace: Proyecto en India


Fotografías y texto elaborado por: Lucía López López

lunes, 25 de marzo de 2013

Etiopía, cuna del café


Etiopía es la cuna del café, fue en los bosques de la región de Kaffa donde se encontró de forma silvestre. 

Una de las leyendas más populares habla de Kaldi, un pastor y poeta que llevaba a pastar a sus cabras. Un día Kaldi notó que su rebaño no estaba tranquilo y manso como solía estar, sino que se comportaba de forma extraña y agitada. Kaldi descubrió que los animales se comportaban así porque habían comido unas semillas rojas. Kaldi llevó algunos frutos y ramas de ese arbusto a un monasterio y allí el Abad los hirvió y se desprendió un delicioso aroma que hizó pensar en una bebida y así surgió el café.


El café etíope se clasifica según su grano, las condiciones de cultivo y el procesamiento (seco o húmedo). Anualmente Etiopía genera entre 200 y 250 mil toneladas de café, de las que gran parte se exporta. Pero además, los etíopes beben café con asiduidad y de forma ceremonial. Al menos una vez al día la familia se reúne en torno a una jarra de café para estrechar los lazos familiares. Por otra parte, la ceremonia o fiesta del café se hace como bienvenida. Los etíopes limpian, tuestan, muelen y preparan el café para el invitado que se espera que este en casa del anfitrión al menos dos horas antes. Suelen acompañar el café de palomitas dulces y pan.

Tenemos abierto un proyecto de crowdfunding para apoyar la salud en Dilla (Etiopía). Más información en:  http://www.colaboramas.org/index.php?option=com_comprofiler&task=pluginclass&plugin=cbgroupjive&action=groups&func=show&cat=4&grp=41

Elena Álvarez (Alumna en Prácticas)

viernes, 15 de marzo de 2013

Un paseo por Dilla (Etiopía)


Las pocas noticias e imágenes que llegan a España sobre Etiopía hacen referencia a hambrunas, conflictos, miserias, y, como mucho a algún gran atleta. Sin embargo, Etiopía es mucho más que eso, es un país de grandes contrastes, por la gran variedad de paisajes que ofrece su geografía de Norte a Sur, por la enorme riqueza histórica y cultural, y por lo diferente que es la gente, en sus rasgos y en su carácter, del resto de los países del África Subsahariana. El año pasado tuve la oportunidad de viajar allí a visitar en pocos días algunas de las muchas misiones que las Hermanas Salesianas tienen en el país. Mi viaje terminó en Dilla, una zona verde, frondosa y montañosa a 360 km al sur de la capital, Addis Abeba, donde se encuentra el centro de Salud Don Bosco, que las Hermanas gestionan desde el año 1986. Los servicios que se prestan allí desde entonces son: medicina general, atención pre-natal y postparto, laboratorio, inmunización, vacunación, etc, siempre a cargo de personal local especializado. Más 22.000 personas son atendidas anualmente, unas 85 personas cada día. Una de las actividades más importantes del centro es el Programa Nutricional, donde, entre otras actividades, se da atención sanitaria semanal a más de 100 bebés de 0 a 2 años y para los cuales se entregan leche y galletas nutritivas. Las tasas de mortalidad infantil que se registran en la zona de Dilla son más elevadas que las que corresponden a la media nacional de Etiopía, que ya son de por sí muy altas (127/1.000 para niños de menos de un año y 174/1.000 para niños de menos de 5 años). Una de las principales causas de muerte son las altas tasas de desnutrición aguda, crónica, y el estado de vulnerabilidad que presentan los niños y niñas, lo cual se ve empeorado por la falta de un acceso adecuado s servicios de salud y educación preventiva para adoptar estilos de vida saludables.
Es muy importante también el seguimiento que reciben las madres durante el embarazo, así como la formación en cuidados para los recién nacidos y los primeros meses de vida. Hasta este año no era posible atender partos en el centro, pero recientemente se ha convertido la sala de espera en una sala de partos, por lo que ahora las madres ya pueden acudir allí a dar a luz en condiciones de higiene y con personal cualificado, lo cual contribuirá a disminuir la mortalidad tanto de las madres como de sus hijos.
El hecho de que la situación de estos países y otros de la zona esté tan olvidada en los medios de comunicación, y el momento de mezcla de oportunidades y retos que allí se viven, hacen que tener la oportunidad de adentrarse en ellos, viviendo la dureza y austeridad del caluroso día a día, acompañada de personas que han dedicado su vida a éstos, tenga una “magia” especial que deja huella y anima a seguir trabajando cada día por tratar de apoyar las necesidades de sus poblaciones y a luchar para que se conozca su realidad y para que la escasa ayuda internacional que recibe se mantenga y aumente, en vez de desaparecer con la excusa de “nuestra crisis”, que hace que se olviden y endurezcan las verdaderas crisis a las que se enfrentan cada día millones de personas, en Etiopía y en todo el mundo.

Acabamos de iniciar un microproyecto de crowdfunding para la Clínica de Dilla. El crowdfunding es la cooperación colectiva, a través de muchas pequeñas aportaciones conseguimos lograr acciones significativas. Lo importante es que colaboremos muchos. Mas información en el siguiente enlace: http://colaboramas.org/ o http://www.madreselvaongd.net/


Beatriz Tavera (Técnico de proyectos África)











martes, 12 de marzo de 2013

Mis últimas semanas en India


Mis últimas semanas en India son…llenas de sentimientos, pensamientos, análisis... Pienso en cuando escribí “Mis primeras semanas en India” y parece hace una eternidad a la vez que me parece que pasó sólo hace un par de semanas, una sensación extraña de concepción del tiempo. Todas aquellas cosas que veía con ojos de principiante ahora son parte de mí día a día; comer con las manos, chicas vestidas con saris de chillones colores, ese sabor picante en la comida, monos por las calles, olor a jazmín de las flores de las chicas en el cabello…
Hablar de INDIA, para mí, es muy difícil. Puedo hablar de los lugares en los que he estado, pero no de todo un país con 28 estados en su interior cada uno con distintas realidades y dificultades. Así, puedo hablar de cuando estuve en Kanakakunnu, un pequeño pueblo en una zona de montaña en el estado de Kerala donde apenas hay población joven, ni contacto con las nuevas tecnologías, ni acceso al agua, donde el cielo es azul, respiras naturaleza y no hay basura por las calles. Me trae recuerdos de un lugar tranquilo, donde podía pasear por el campo y visitar a las familias que me invitaban a sus hogares a comer un poco de arroz con curry. Era como estar en la España de nuestros abuelos, en la que la gente trabaja en el campo y lleva una vida tranquila, con algunas tradiciones algo conservadoras y otras que no deberían perderse, vida de pueblo, al fin y al cabo. Pienso en Puthiyathura, un pequeño pueblo pesquero, en el que la playa está llena de basura y urracas, hay muchísimas población (tanto joven como anciana), donde por las tardes los chicos (y las guiris como yo), que no las chicas, pueden jugar al volleyball en la playa, donde a dos pasos tienes lugares llenos de turistas bañándose en el mar, donde disfrute del sol, la playa, el mar, la gente y la entrada a un nuevo año. 

Luego pienso en donde me encuentro ahora, Chennai, una gran ciudad, capital de estado de Tamil Nadu, con un tráfico loco, contaminación, nuevas tecnologías por todos los lados, ruido en las calles, gente que sabe hablar inglés y que tiene el tiempo muy ocupado en trabajar y otras cosas… ¡Nada que ver! Eso sí, cada lugar tiene su aquél y te enseña algo nuevo de este gran país con pequeños países en su interior.
Este país, que tanto me ha enseñado, está en un momento de plena transición, o así es como lo veo yo, en el que en las grandes ciudades empiezan a tomar conciencia de la igualdad de derechos entre mujeres y hombres, en el que quieren una educación primaria para todos y todas, etc. Aunque luego la realidad y el día a día es muy diferente según el lugar en el que vivas, si eres mujer u hombre, la casta a la que pertenezcas o la religión a las que seas devoto/a. En el caso de que vivas en un pueblo, no tendrás apenas acceso al agua, los problemas de sequía, por los menos en el sur de Tamil Nadu, estarán a la orden del día, donde los problemas de abuso sexual a niñas y mujeres siguen sucediendo quedando impunes los agresores, donde los hospitales a los que puedes acudir se encuentran a varios kilómetros y están abarrotados de gente sin suficiente personal para atender, donde en los colegios a los que llevar a tus hijos no tienen suficientes profesores para enseñar de forma adecuada a leer y a escribir a los 40 niños y niñas que tienen por clase (número impuesto por el gobierno) porque la realidad es que suele haber más…Y sin encima eres de una casta más baja (o los llamados dalits, los sin casta) y mujer ¡Apaga y vámonos! Seguramente estudiarás hasta los 15 años o así, durante tú proceso educativo serás menospreciada por algunos de tus compañeros y no tendrás apenas tiempo para estudiar porque tienes que encargarte de las tareas del hogar y de cuidar a tus hermanos pequeños. Cuando te acerques a los 15, en el caso de los pueblos, a los 23, en el caso de las ciudades, tus padres empezarán a buscar un buen marido para ti. Tú tendrás algo de libertad de elección, aunque bastante limitada, y finalmente una vez que todo esté arreglado en 2 o 3 meses en algunos casos, en 8 o 12 en otros, estarás casada con una persona a la que apenas conoces y con la que pasarás el resto de tu vida, esto si no te abandona…En el caso de que vivas en ciudad y pertenezcas a una casta media, tus derechos serán algo mejores, podrás estudiar hasta secundaria y trabajar en un call center, un supermercado, en una oficina como administrativa…Pero para ellas, es su realidad, no conocen otra y viven situaciones que para nosotras, personas con otra tipo de mirada, no las podríamos tolerar y, que en muchas ocasiones, no son tolerables, por lo menos desde mi mirada.


Perdón, que desvarío, como decía, mis últimos días en India me hacen pensar y analizar las cosas que he visto, las cosas que voy a dejar, las cosas que he aprendido y que puedo llevar a España, los amigos y amigas que dejo atrás pero a los que tendré cerca gracias a las nuevas tecnologías en algunos casos y a los que tendré que escribir cartas como hacía cuando era niña en otros, todos los sentimientos que he tenido (varios y muy diversos), todo lo que una vez fue algo nuevo y que luego se ha hecho parte de mi vida, todos los contrastes que he visto, aprovechar los últimos momentos con cada persona, con cada lugar, con cada sentimiento…
Mis últimas semanas en India son… ¡indescriptibles!


Lucia Lopez

jueves, 10 de enero de 2013

NAMAACHA



Hace mes y medio que llegué a Mozambique para realizar el seguimiento de los proyectos que la Fundación Madreselva lleva a cabo en este país. Por el momento estoy en la zona sur del país. Voy viajando de proyecto en proyecto según las necesidades y por lo que he podido conocer a varias de las comunidades de las hermanas salesianas, contraparte local de gran parte de los proyectos de la Fundación Madreselva que actualmente se extienden en 11 comunidades a lo largo de todo Mozambique, promoviendo actividades de desarrollo de los colectivos más vulnerables y desfavorecidos, especialmente infancia, juventud y mujeres.
Mozambique vivió un periodo de guerra de independencia desde 1961 hasta 1974, seguida de una guerra civil hasta el 1992, cuando se firmó el acuerdo de paz que puso fin a los enfrentamientos. Las hermanas salesianas llegaron a Mozambique en el año 1952, por lo que la mayoría de ellas tienen muchas historias interesantísimas que contar, son vivos testimonios de tiempos de guerra, ataques, hambruna, epidemias, inundaciones, etc. Es verdaderamente admirable el trabajo de las hermanas. Pararte por un momento a pensar que muchas de ellas llegaron aquí en pleno conflicto para ayudar a los más pobres y nunca han perdido sus ganas de dar el máximo por el pueblo mozambicano.
En concreto, recuerdo muy bien la primera historia que me contó la hermana Orsolina de Namaacha. Cuando ella llegó a Mozambique desde Brasil en pleno conflicto, la carretera que une Maputo (la capital) con Namaacha sufría constantes ataques, ellas se veían obligadas a hacer ese trayecto con la balas pasando por su lado, un camino que antes estaba lleno de animales como cebras o jirafas y que la guerra se llevó. Pude ver la emoción en sus ojos con destellos de lágrimas al recordar esos tiempos, no tan lejanos, en que se escondían en la casa a la espera de que pasaran los ataques, siempre juntas, ayudando en todo lo que podían a las gentes del pueblo.
Tras la independencia de Mozambique, el régimen comunista arrebató los bienes de los ciudadanos, incluidas a las hermanas, que más adelante fueron devueltos en penoso estado. Gracias a la ayuda de proyectos como los emprendidos por Madreselva se ha podido reconstruir los edificios derruidos tras la guerra e incluso construir otros de obra nueva para atender a las necesidades de los ciudadanos. La comunidad de Namaacha actualmente tiene un orfanato, una guardería, una escuela primaria y otra secundaria, varios huertos y la casa de las hermanas. Todavía a día de hoy se pueden encontrar partes del centro que no se han podido rehabilitar tras la guerra y que siguen respirando ese aire decadente, como el salón de actos de la escuela, que a pasar de que un grupo de voluntarios pintó sus paredes, carece de sillas, el techo está lleno de agujeros con las consecuentes inundaciones cuando llueve, los baños están totalmente derruidos y el escenario maltrecho.
Según el Informe del Programa de Naciones para el Desarrollo (PNUD) 2011, Mozambique se encuentra en el puesto 184 de índice de Desarrollo Humano, de los 187 analizados por Naciones Unidas, por lo que se clasifica como el cuarto país más pobre del mundo. Resulta esencial para el país la ayuda en la educación de su población con el fin de poder labrarse un futuro digno con proyección a asegurar su independencia en el futuro respecto a la ayuda externa esencial por el momento. En este sentido, es bien conocido en le país la labor de las hermanas y sus centros como proveedoras de una educación de calidad, que están desarrollando una labor inestimable para los más desfavorecidos.
Todavía no he podido ver el centro de Namaacha en activo, con sus alumnos y niños en acogida, porque nos encontramos de lleno en el periodo estival y hasta la próxima semana no empiezan las clases, pero espero volver pronto para ver la alegría y sonrisas de los pequeños.



Gemma Voluntaria de Gestión de Proyectos en Mozambique