¿Qué decir sobre mi experiencia en Casa Maín? Llevo aquí casi un mes y me parece que fue ayer cuando llegué y mi compañera Carmen y Sor Magdalena estaban esperándome en el aeropuerto; el camino en "movilidad" hasta llegar al hogar, viendo paisajes y personas diferentes, la llegada y los cientos de niñas rodeándome y haciéndome todo tipo de preguntas, diciéndome sus nombres, abrazándome, el cálido recibimiento de Sor Inés y el resto de la comunidad...
Pero por otro lado, ya me parece que llevo aquí toda la vida; los horarios de
las ñiñas y voluntarias, las clases, los oficios, el rosario...parece que
todos los días van a ser iguales, pero de una forma u otra al final siempre
hay algún imprevisto. Sabemos cómo empezamos, pero nunca lo que nos deparará
el nuevo día, es una constante aventura, excitante pero a veces agotadora.
La estancia en Casa Maín es también un bombardeo de nueva información para
nuestros sentidos: sonidos como el canto fuerte y constante de las
chicharras, el ruido ensordecedor de las lluvias torrenciales típicas del
inicio de la primavera, el ulular del viento; olores como las flores desconocidas
del jardin, el corral del "chancho", el jabón que utilizamos para
lavar la ropa; sabores de las estupendas comidas que cada dia mami Vicky
prepara para todas nosotras e incluso la sensación de las picaduras de los
mosquitos que constantemente nos "atacan". Todo eso sin hablar de
los sentimientos, que también pueden ser una verdadera montaña rusa, pasando
de la frustración, impotencia o pena cuando no consigues que las niñas te
hagan caso y estudien o hagan sus deberes a la más absoluta felicidad cuando
vienen y te abrazan sin ningún motivo o te piden tu bendición antes de irse a
la cama.
¿Qué decir sobre mi experiencia en Casa Maín? Que es una experiecia única e
irrepetible, enriquecedora y con la que estoy aprendiendo muchísimas cosas,
sólo espero poder dejar aquí, al menos, una mínima parte de lo que me voy a
llevar.
Gracias!!
Chus Regueiro. Voluntaria 2012
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miércoles, 3 de octubre de 2012
Casa Maín (Santa Cruz de la Sierra - Bolivia)
martes, 25 de septiembre de 2012
Una realidad:El barrio de los Olivos (Cúcuta-Colombia)
martes, 21 de agosto de 2012
Suerte
¡Qué suerte haber podido estar repartiendo sonrisas entre los jóvene que nos acogen con cariño, suerte de haber podido ser útiles, al menos durante una temporarda, en aquellas comunidades que esperan nuestro apoyo, suerte de cumplir una ilusión que nació del alma de los queremos darnos y recoger lo que nos enseñan cada grupo de jóvenes y mayores con los que nos encontramos y que faltándoles muchas cosas saben repartir. En fin que nuestra sorpresa final es la de simpre: RECOGEMOS MÁS QUE DAMOS Y nos sentimos felices.
Yo además tengo "un plus" añadido de poder estar más tiempo ya que no me reclama ni el estudio ni el trabajo. Por este motivo, ya he disfrutado del Chaco Paraguayo, concretamente en Fuerte Olimpo, tres meses.
Cuando presenté en verano Casa Maín dejé constancia de algún accidente que tuve, este año tampoco me he librado de las "emociones fuertes" y queridos amigos con alegría os escrito pues Dios quiso regalarme que viva porque mi riesgo de perderla estuvo al límite ya que por accidente me caí al Rio Parguay y bueno, pues no sé deciros más que un ángel dijo a un tal Mario, "anda y rescata a la patosita de Carmen que me está dando trabajo" y aquí me tenéis enviándoos mi cariño y un gran deseo de que vosotros hayáis disfrutado tanto como yo.
La segunda parte la estoy pasando en Casa Maín, ya conocido y esta vez "sueve, bonito, alegre, cómodo" y todo lo bueno y bello que se os ocurra podéis añadir a esta lista, porque así lo estoy pasando y el trabajo se hace fácil.
Sentirme cerca, ya pronto nos veremos y charlaremos distendidos para contar nuestra experiencia.
Un fuerte abrazo. Carmen
lunes, 16 de julio de 2012
Simplemente no tiene precio
viernes, 25 de mayo de 2012
COLORES Y OLORES… TAMBIÉN, PERO SOBRE TODO PERSONAS
lunes, 23 de abril de 2012
Desde el Hogar "Don Bosco" de Honduras
martes, 20 de marzo de 2012
Volando entre experiencias
Antes de salir de casa reviso mi mochila, siempre me da la impresión de que me dejo algo, ese algo de lo que me suelo acordar nada más llegar a mi destino.
Es Miriam la que me recoge, la pobre lleva unos cuantos km a la espalda, pero como ella dice, merece la pena moverse para estos pequeños momentos que en tan grandes se convierten.. Qué ganas de tenía de verla!!!
¡Mohernando! La verdad es que el día acompaña, parece que el sol vino ya para quedarse.
Los “nuevos” ya están allí, los veteranos vamos llegando.
Miro hacia atrás, me aproximo a esos mundos que van describiendo, viajo a Colombia, a Etiopía, cojo el vuelo a Perú y me desvío a Paraguay. Me veo allí, sin conocerlos, inmersa en cada una de esas historias. Es nuestro turno, próximo destino, siguiente relato, Mozambique.
Comencemos por el Sur, pasemos por el Norte. Y de repente, dejo de estar en esa sala para volver allí. Intento transmitir, recomendar, hablar, y entonces me emociono.. No lo pude evitar, creo que aquello también dijo, que aquello fue lo que mejor pudo describir esa parte de mí que conmigo no volvió.
No hay idiomas ni fronteras, no hay colores ni culturas, hay sonrisas y experiencias, hay historias y personas.. Hay un país del que poco sabía, del que otros me decían que enamoraba, del que ahora os digo yo que me enganché..
Nos convertimos en niños, llega la noche. Juegos y risas, bailes para esos grandes que fueron pequeños, sueños viajeros, vuelos que dormidos comenzamos a enlazar..
Sólo espero que al año que viene cuando nos volvamos a juntar seáis todos vosotros los que me dejéis volar hasta aquellos países, los que me enseñen cada uno de los rincones que os hicieron sentir especial.
Alejandra Cortes (Voluntaria veterana)