Rodrigo rumbo a Bolivia
"Ir de misión por primera vez de la mano de la fundación MADRESELVA no deja de tener su incertidumbre. ¿Qué haré? ¿con quién estaré? ¿me pondré enfermo con algún insecto?
Empezé el viaje casi perdiendo el avión pues llegue con escasos minutos antes de poder facturar la maleta. Me dijeron que lo más seguro es que la maleta no llegara a destino a la primera. Pero llegó. El viaje un poco largo, la hermana esperando varias horas en el aeropuerto pues el avión iba con retraso. El camino a Santa Cruz fue largo y allí me sorprendió el tamaño de la cuidad.
Ya en la Casa Hogar Main me impresionó lo bien grande y organizada que estaba la finca.
Un momento especial fue conocer a las niñas, ¡tenemos un nuevo voluntario!
En los primeros días o la primera semana tuve ciertas dificultades, pero pasados los primeros diez días se me hizo más previsible la tarea a realizar. La hermana directora de la Casa Hogar me dijo, "Rodrigo, tú puedes dar apoyo escolar a las niñas de Primaria, principalmente en matemáticas".
La alegría de las niñas en cada clase de apoyo era alentadora, pues lo vivíamos con alegría. Eso ha sido así hasta el final, también cuando empecé a ayudar en el colegio las últimas dos semanas de la misión. La hermana directora del colegio me dijo, "Rodrigo, puedes ser profesor de apoyo en varias de las clases de matemáticas". Yo, reservado de por sí iba siempre con pies de plomo. Pero de nuevo la alegría de los niños del colegio, los ratos del patio, las historias que querían conocer tras ganar España el mundial de futbol justo en esos días. Me percaté de lo bonito que es la labor del profesor y su valor. Enseñar y hacerles entender es algo con lo que me quedo.
Para mi estar con las niñas, acompañarlas en sus tareas, oficios diarios y descansos han sido un regalo para mí. Recibir sus abrazos algo que guardo en el corazón, los ratos de rezar con ellas un gusto.
Estar con las hermanas también ha sido muy especial, compartiendo con ellas todas las comidas, en el comedor de la comunidad, y bueno charlar o escuchar en esos momentos.
Me dio tiempo a visitar un par de sitios turísticos con dos voluntarios españoles y lo disfrutamos porque alguna vez había algo de soledad. Y eso fue bueno, poder compartir con ellos, ir al centro de la ciudad y comer en el mejor restaurante de la ciudad por 20 euros.
Mi admiración por la labor callada de las hermanas, siempre felices a pesar del trabajo que llevan a cabo.
Si Dios quiere y me lo muestra volveré allí el próximo verano, pero eso solo Dios lo sabe."
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