jueves, 10 de enero de 2013

NAMAACHA



Hace mes y medio que llegué a Mozambique para realizar el seguimiento de los proyectos que la Fundación Madreselva lleva a cabo en este país. Por el momento estoy en la zona sur del país. Voy viajando de proyecto en proyecto según las necesidades y por lo que he podido conocer a varias de las comunidades de las hermanas salesianas, contraparte local de gran parte de los proyectos de la Fundación Madreselva que actualmente se extienden en 11 comunidades a lo largo de todo Mozambique, promoviendo actividades de desarrollo de los colectivos más vulnerables y desfavorecidos, especialmente infancia, juventud y mujeres.
Mozambique vivió un periodo de guerra de independencia desde 1961 hasta 1974, seguida de una guerra civil hasta el 1992, cuando se firmó el acuerdo de paz que puso fin a los enfrentamientos. Las hermanas salesianas llegaron a Mozambique en el año 1952, por lo que la mayoría de ellas tienen muchas historias interesantísimas que contar, son vivos testimonios de tiempos de guerra, ataques, hambruna, epidemias, inundaciones, etc. Es verdaderamente admirable el trabajo de las hermanas. Pararte por un momento a pensar que muchas de ellas llegaron aquí en pleno conflicto para ayudar a los más pobres y nunca han perdido sus ganas de dar el máximo por el pueblo mozambicano.
En concreto, recuerdo muy bien la primera historia que me contó la hermana Orsolina de Namaacha. Cuando ella llegó a Mozambique desde Brasil en pleno conflicto, la carretera que une Maputo (la capital) con Namaacha sufría constantes ataques, ellas se veían obligadas a hacer ese trayecto con la balas pasando por su lado, un camino que antes estaba lleno de animales como cebras o jirafas y que la guerra se llevó. Pude ver la emoción en sus ojos con destellos de lágrimas al recordar esos tiempos, no tan lejanos, en que se escondían en la casa a la espera de que pasaran los ataques, siempre juntas, ayudando en todo lo que podían a las gentes del pueblo.
Tras la independencia de Mozambique, el régimen comunista arrebató los bienes de los ciudadanos, incluidas a las hermanas, que más adelante fueron devueltos en penoso estado. Gracias a la ayuda de proyectos como los emprendidos por Madreselva se ha podido reconstruir los edificios derruidos tras la guerra e incluso construir otros de obra nueva para atender a las necesidades de los ciudadanos. La comunidad de Namaacha actualmente tiene un orfanato, una guardería, una escuela primaria y otra secundaria, varios huertos y la casa de las hermanas. Todavía a día de hoy se pueden encontrar partes del centro que no se han podido rehabilitar tras la guerra y que siguen respirando ese aire decadente, como el salón de actos de la escuela, que a pasar de que un grupo de voluntarios pintó sus paredes, carece de sillas, el techo está lleno de agujeros con las consecuentes inundaciones cuando llueve, los baños están totalmente derruidos y el escenario maltrecho.
Según el Informe del Programa de Naciones para el Desarrollo (PNUD) 2011, Mozambique se encuentra en el puesto 184 de índice de Desarrollo Humano, de los 187 analizados por Naciones Unidas, por lo que se clasifica como el cuarto país más pobre del mundo. Resulta esencial para el país la ayuda en la educación de su población con el fin de poder labrarse un futuro digno con proyección a asegurar su independencia en el futuro respecto a la ayuda externa esencial por el momento. En este sentido, es bien conocido en le país la labor de las hermanas y sus centros como proveedoras de una educación de calidad, que están desarrollando una labor inestimable para los más desfavorecidos.
Todavía no he podido ver el centro de Namaacha en activo, con sus alumnos y niños en acogida, porque nos encontramos de lleno en el periodo estival y hasta la próxima semana no empiezan las clases, pero espero volver pronto para ver la alegría y sonrisas de los pequeños.



Gemma Voluntaria de Gestión de Proyectos en Mozambique

miércoles, 9 de enero de 2013

COLOMBIA EN EL CORAZÓN


Hace ya casi dos meses que volví de mi voluntariado en Colombia y mi cabeza sigue estando allí con bastante frecuencia. Debe ser porque mi corazón lo está de pleno. En concreto ,en la comunidad de Los Olivos, una zona muy marginal de Cúcuta, la capital del departamento de Norte de Santander, al noreste de este hermoso país, justo en la frontera con Venezuela. 
Allí, en el Oratorio Centro Juvenil y Comunitario don Bosco compartí dos inolvidables meses con una comunidad de más de dos mil personas que vive, en  condiciones de suma vulnerabilidad y pobreza, en  seis barrios de  “invasión”.  Y os preguntareis, ¿qué son los barrios de  invasión?. Pues algo que solo se da en unos pocos países, entre ellos Colombia.

Como sabéis, durante los últimos cincuenta años, los colombianos llevan padeciendo una situación de violencia continua. Los actores principales son las guerrillas de las FARC y  el ELN.  Están enfrentados, por un lado, con el Ejército colombiano y, por tanto, el Estado. Y por otro con los exparamilitares, ahora BACRIM, es decir Bandas criminales –grupos que en zonas en las que el Estado está ausente- se erigen en defensores de los ciudadanos para ,con la excusa de “protegerlos”,  tenerlos a su merced.
Las victimas de todos estos grupos y, en definitiva, del conflicto armado son los ciudadanos. Y de estos, sobre todo, los más pobres y vulnerables que son, en su mayoría, campesinos. 
Estas personas   han  tenido que abandonar sus  modestos  “ranchitos”, obligados , bien por los continuos enfrentamientos armados, que ,en muchos casos, han dejado  víctimas entre sus familiares; bien “invitados” por los grupos armados que no querían testigos; o bien forzados por  la guerrilla o las  bandas criminales que se quedan  con sus tierras y  plantan hoja de coca, el gran negocio de las FARC,ELN y las bacrim.
 Una vez  obligados a huir  de sus casas, siempre con una ollita y una cobija como  único equipaje, estas personas se instalan, como pueden,en barrios de invasión, como estos de Los Olivos.  Y ahí entra a trabajar nuestro gran protagonista: el Oratorio Centro Juvenil y Comunitario don Bosco.
Hoy, como se aprecia en la foto, es un edificio magnífico y hermoso. Pero, la idea se empezó a gestar, modestamente,  hace  apenas unos años, cuando unos cuantos padres salesianos de Cúcuta llegaron a Los Olivos a celebrar la Navidad con estas personas desplazadas. Regresaron, meses después, para construir una pequeña chocita y, gracias a la  tenacidad del padre Héctor Franco y la ayuda salesiana internacional, hoy, el Oratorio es un preciosos Centro  abierto a todas las personas de esta comunidad.
 El impulsor  y alma del proyecto es el padre Héctor Franco. Siempre atento a las necesidades sociales de la comunidad. Moviendo Roma con Santiago para que llegue la ayuda.
 La coordinación, el día a día, es obra de David Umaña, un joven de 23 años, estudiante de la mejor universidad de Bogotá, que un día decidió dejarlo todo e irse  a Los Olivos, para trabajar, como voluntario, con y para las personas  más vulnerables de su país. 
Haber tenido la oportunidad de colaborar y aprender diariamente  tanto y tanto  con David  es toda una suerte que, de pronto, se te presenta en la vida. 

Convivir, disfrutar y absorber todo lo que te enseñan los habitantes de los Olivos es la segunda lotería, que le puede tocar a un voluntario-a.

Así lo he vivido yo y también Adrián y Raquel, que estuvieron en los Olivos más de un mes.  E igualmente Cristina, nuestra responsable de Voluntariado y Proyectos de Madreselva, que viajo desde España para conocer el proyecto. Todos agradecidos, también al padre Juan José Zambrano, que tanto nos  ayudó. Y a voluntarios como Edwin Ariza, inteligente y divertido, que nos enseñó tanto sobre  la realidad colombiana.

Y ahora te preguntarás :¿Qué puede hacer un voluntario-a en Los Olivos?. Todo, nos decían el padre Héctor y David, por e-mail, cuando íbamos a viajar. Y lo comprobamos al llegar allí .

Así, hay atención a niños y jóvenes  en distintos talleres ya en marcha  como música o teatro, u otros que puede crear el propio voluntario/a.
 Apoyo académico a estudiantes : los colegios del Estado donde van los muchachos y muchachas son de muy poca calidad y estos  tienen muchas necesidades en todas las materias. 
Alfabetización a adultos : hay muchas personas que no saben leer ni escribir.
Manualidades: es muy interesante llevar talleres para que la comunidad aprenda actividades recreativas y también de utilidad práctica o lucrativa  en su vida diaria.
Talleres de autoestima, inteligencia emocional, empoderamiento de mujeres , masajes terapéuticos y un largo etcétera. 
Y por supuesto los juegos didácticos con niños, jóvenes y adultos. Aparte de esto, cada voluntario/a aporta su  conocimiento profesional y, también ,sus aficiones: informática, guitarra, música, deporte… .

 Todo es bienvenido  y de gran utilidad .La idea es que todas las actividades sirvan para capacitar a personas de la comunidad para que, una vez que se va el voluntario-a, el proceso de aprendizaje tenga continuidad. 

Cuando todavía en España tenía mis dudas sobre si viajar a Colombia, una amiga que vive allí me dijo :” ven, no te arrepentirás. Los colombianos son personas extraordinarias, valientes , que han sufrido mucho, pero que luchan ,construyen y salen adelante  en las circunstancias más difíciles”.
 Yo tengo que añadir, que, además , son  las personas más afectivas, cariñosas, alegres, generosas, cooperativas  y laboriosas que he conocido…
Por eso, están y estarán siempre en mi corazón.


Carmen Corredor. Voluntaria 2012

jueves, 29 de noviembre de 2012

De Zway al futuro


En agosto estuve en Zway (Etiopía): un mes en la misión de las Salesianas, dando clases de inglés por la mañana y dando todo lo que podía en el Oratorio por la tarde. Unas 500 niñas me acogieron, unos 1000 ojos me miraron con curiosidad, unas 1000 manos me cogieron de las mías o me tocaron el pelo porque les resultaba tan diferente y al mismo tiempo tan bonito. 
Un mes de mi vida muy fuerte, en el que ví con mis ojos qué es la dependencia creada por los “blancos” en África. Pero, sobre todo, ví qué significa “la convivencia interreligiosa”, e invitar, con el corazón y sin otra razón sino el cariño, a comer cuando sólo hay enjera y patatas.


Un mes, como otros del pasado, de voluntaria. Sì, ser voluntario/a tendría que ser una elección de vida. Eso, según mi opinión, no significa irse todo los años a un país lejano, sino ser coherente como voluntario en tu propio entorno cotidiano y también saber asumir la dificultad de volver después de una experiencia tan intensa a tu día a día, sin sufrir por la imposibilidad de salir por el mundo otra vez.




Éste ha sido un poco el tema del curso Bact to the Future, organizado por Don Bosco Youth Net dentro del Programa Juventud en Acción, en el que participé el pasado fin de semana en Bollington (Reino Unido), representando a la Confederación Don Bosco y, por supuesto y con orgullo, a Madreselva.

Durante 4 días, unos 25 jóvenes de 8 países europeos (Reino Unido, Bélgica, Malta, Austria, Alemania, Polonia, España e... Italia) nos reunimos en la Savio House de ese bonito pueblo cerca de Manchester, para compartir nuestras experiencia como voluntarios por el mundo y proyectarlas en nuestro futuro.

Partimos del análisis de nuestros viajes y, pasando por una divertida noche internacional y la profundización del concepto de “ciudadanía activa”, llegamos a tomar conciencia de nuestras posibilidades de participación en la sociedad como “jóvenes” y como “voluntarios”, gracias también a las oportunidades de “iniciativas” ofrecidas por la Unión Europea a través del Programa Juventud en Acción.

Dejé Bollington con una pregunta y una frase en mi cabeza, que os dejo aquí...

 Como voluntaria/o... ¿dónde quieres estar?
Do ordinary things extraordinarily well”                                                                                                                                     


 Stefania voluntaria 2012
                       

domingo, 18 de noviembre de 2012

Contrastes 5. Naturaleza y fotos, muchas fotos


“En India si el final no es feliz, es porque no es el final”.
Hoy os hacemos llegar, por el momento, la última entrega de la serie Contrastes como muestra de agradecimiento a todos los que habéis ayudado a la Fundación Madreselva y los jóvenes de Chennai a conseguir el proyecto “Tecnología para el Futuro”. Gracias a todos y todas.


Si te gusta la vida en la naturaleza y los animales, India es, desde luego, toda una experiencia en este sentido. El animal más famoso en India es la vaca sagrada, pero es importante apuntar que no todas las vacas lo son, sólo las de un tipo concreto y además colectivos no hindúes como los católicos o los musulmanes sí comen carne de ternera, aunque no es muy habitual. Si la vaca es un estereotipo de India, también es una realidad, las puedes encontrar pastando libremente en casi cualquier parte, incluida la Ciudad Electrónica de Bangalore donde se ubican Google o Yahoo, lo que ofrece una estampa bastante curiosa. Pero no sólo de vacas se nutre la fauna india, también hay cerdos, gallinas, cabras y cuervos, muchos cuervos e incluso en Bangalore y en otros puntos del Sur he podido avistar bastantes águilas.

Pero sin lugar a dudas, lo que más abundan son los mosquitos que parecen tener una significativa predilección por la sangre foránea. En el Estado de Kerala me encontré con elefantes por las carreteras, muchos de ellos en procesiones religiosas, dado que en el hinduismo también ocupan un lugar especial. En un templo de impronunciable nombre en la ciudad sagrada de Kanchipuram una elefanta adornada y maquillada me bendijo con su trompa cuando le ofrecí una moneda de 5 rupias, fue toda una experiencia, aunque los niños y bebés no parecían pensar lo mismo por sus incesantes llantos ante la vista del enorme animal. Además en algunos lugares se pueden visitar campos de recuperación de elefantes y ayudar a bañar a los animales, por ejemplo en Allpauzzha en Kerala junto al rio Periyar.

Y no se puede hablar de India y olvidar a los monos. Hay cientos de ellos en la mayoría de pueblos y ciudades, aunque como buenos supervivientes aparecen, sobre todo, en puntos turísticos donde no escasea la comida. La mayoría no son agresivos y puedes verlos jugar, comer a pocos metros de ti, robar gafas o bolsas de fruta. No obstante hay que tener cuidado porque algunas razas pueden ser peligrosas, de hecho he tenido alguna experiencia desagradable de intento de agresión por parte de un mono de casi un metro de altura entre las ruinas de la ciudad de Hampi, por suerte, creo que solo quería jugar aunque a mi me pareció bastante más hostil que el resto de miradas de curiosidad que he recibido en estos meses.

Por último, los tigres que son los que más se resistieron a aparecer ante mis curiosos ojos y que evidentemente poco hay que decir sobre ellos que no sepamos, que son felinos sorprendentes , preciosos, pero lamentablemente en peligro de extinción.

Otra de las experiencias más divertidas que he vivido en India, es que decenas de familias, grupos de amigos o adolescentes me pararan por las calles, templos o centros comerciales para hacerse fotos conmigo, no tanto en las grandes ciudades pero sí en los sitios turísticos donde acuden familias indias desde pueblos cercanos o en algunas de las aldeas más alejadas donde he estado. Al principio uno recela, no entiende que alguien quiera una foto tuya, pero al fin y al cabo ¿qué hacemos nosotros cuándo viajamos? Hacer fotos de los autóctonos a diestro y siniestro. Lo cierto es que la sensación de sentirse observada y casi como un personaje famoso durante los primeros días, dura bien poco, aunque siempre es divertido ver cómo quieren no una sino 10 fotos en diferentes poses y escenarios para tener un recuerdo de ti. Creo si hubiera pedido una rupia por fotos, creo que ya habría pagado al completo el billete de avión.

Tatiana Villacieros (Voluntaria 2012)

lunes, 12 de noviembre de 2012

El Salvador.



Ya han pasado más de dos semanas desde mi llegada a El Salvador. Días en los que un nuevo mundo  se abre ante mis ojos, extenso, no pudiendo alcanzar a percibirlo por completo.

Nuevo mundo para mi, viejo llamado por otros. Lleno de nuevos misterios, de nuevas aventuras, de nuevos sabores, olores, colores, nuevos sonidos, nuevas personas y nuevas costumbres...
Tiempo de aprender, de explorar, de descubrir.. Tiempo para crecer.

Desde que llegué he intentado buscar una palabra que englobe este “nuevo mundo” para mi.
Nada más bajar del avión y montar en el “carro de Don Manuel”, comienzo a rebuscar en mi mochila de palabras. CONTRASTES.
 
Casas altas, edificios llenos de oficinas, láminas oxidadas bajo las que señoras venden “pupusas” desde el amanecer, adolescentes que corren hacia el bus, niños que en los semáforos te vienen a pedir, recintos en los que señores gritan “vengan a comprar”, gente que comenta sobre “la chelita” al verme pasar.

País desconocido entre los conocidos, de gente increíble, de peligros y costumbres, de verdes paisajes llenos de miradas que te embaucan al pasar, de luchadores, supervivientes de altas mareas en las que condujeron sin timón ni timonel, país acogedor donde los haya.. País que comienza a ganar mi corazón..


Alejandra (Voluntaria de Gestión de Proyectos)

Contrastes 4. Matrimonios concertados y centros comerciales a la americana

En esta entrega vamos a adentrarnos en algunas de las costumbres y tradiciones indias que más me han llamado la atención durante estos meses.
Otra de las costumbres en la que se mezcla la cultura y la pobreza hasta hacerse indiscernible es la facilidad con la que los indios van descalzos por todas partes. Muchos, la gran mayoría, lo hacen porque son pobres y no pueden permitirse un par de zapatos, sobre todo para los niños que tan rápido crecen y que tantos pares necesitarían en sus primeros años de vida. Sin embargo, muchos adultos van descalzos por las ciudades y obviamente es obligatorio en templos y casas hindúes y musulmanas. Sin embargo, incluso aquellos que los usan, no ven el momento para deshacerse de ellos; es increíble lo rápido que pueden llegar a descalzarse una vez se sientan en el tren, en el autobús o ¡en el cine!
En cuanto a la tradición de los matrimonios concertados, después de haber conocido a muchas familias de diferentes clases sociales, castas y religiones sigue siendo un dilema para mí ¿está bien o no? Según los estándares occidentales puede parecer una aberración que los novios se conozcan poco antes de casarse o el mismo día dela boda, pero en una sociedad tan rica y compleja culturalmente como la india en sentido de idiomas, castas, clanes, religiones, etc. El matrimonio concertado puede resultar de gran utilidad. Una vez que te asomas a la realidad india puedes entender que estas uniones tienen éxito en la mayoría de los casos porque se buscan parejas afines culturalmente, y cada vez más los padres intentan que ambas partes sientan un cierto interés.
La razón que la mayoría de los indios dan para este tipo de matrimonios es que cuando la mujer se casa pasa a formar parte de la familia del novio y entre la sociedad más tradicional y rural, que es el 80% de la población, la nueva pareja se va a vivir con los padres de del marido. Por ello, la conexión cultural es tan importante. Sin embargo, cada vez más con la penetración de la cultura occidental y más que occidental yo diría estadounidense, se producen matrimonios por amor, sobre todo entre las clases más altas. Con todo, existen ventajas y desventajas en ambos tipos de matrimonios debido sobre todo a la multiculturalidad de India.
También hay que destacar que el número de matrimonios concertados entre las castas altas sigue siendo muy elevado, por lo que no se trata de un fenómeno relacionado con el analfabetismo o comunidades arcaicas. Asimismo, lo más interesante de este tema es que cada vez más con la penetración cultural occidental, los matrimonios concertados se ponen en duda, se moldean y se relajan las costumbres. Sin duda, en un futuro próximos años va a existir un declive de esta práctica y sobre todo una revolución a favor de la libertad personal de elegir, lo que es más difícil de predecir es qué va a pasar con estos matrimonios por amor.
En relación a la occidentalización que comentaba arriba, cuando entras en un centro comercial, lo primero que puedes apreciar es que pese a la cantidad de firmas internacional e incluso españolas que hay, el modelo es más bien estadounidense, es realmente curioso sentirse transportado al corazón de la más pura cultura “yankee”. Sin embargo, India no pierde su sabor y su color ni en este entorno, porque en cualquier centro comercial estarás rodeado de cientos de personas indias con burkas, saris, churidares, longhis, etc. En estos centros comerciales es donde se observa mejor esta mezcla o imitación al estilo indio de las tradiciones americanas, pero siempre sin perder de vista la más pura esencia india, no abundan las hamburgueserías, pero las hamburguesas pican; y sus bebidas y comidas siguen ocupando el lugar preferente y por supuesto no se vende cerveza salvo en sitios muy concretos. Dentro de este submundo que son los centros comerciales como símbolo de la cultura occidental, puedes ver a pocos occidentales, aunque sí puedes ver a las jóvenes indias vistiendo vaqueros y cortas camisetas o minifaldas que en otros lugares de India sería impensable. El vocabulario de los jóvenes que hablan ingles también está salpicado de vocablos y expresiones estadounidenses y el McDonalds aunque no abarrotado cada vez tiene más adeptos, aunque debido a las restricciones religiosas en materia de alimentación, sólo sirven pescado, pollo y hamburguesas vegetarianas.

Tatiana Villacieros (Voluntaria)

jueves, 25 de octubre de 2012

Contrastes III. Castas colas des espera y estrés, mucho estrés



En esta ocasión, vamos a desmontar algunos de los estereotipos sobre los indios y su cultura, o al menos intentarlo. En cuanto a la tan predicada espiritualidad de los indios, se pueden ver representaciones religiosas de todo tipo por doquier como comentaba la semana pasada, aunque quizá hay que apartarse del mundanal ruido de las grandes ciudades como Bangalore para apreciarlo mejor porque desde luego en el caos de la vida metropolitana toda espiritualidad es pura casualidad. De hecho, destacaría de la idiosincrasia india la ansiedad por conseguir las cosas y el nerviosismo en la conducción, en los transportes, con respecto a la comida, algo que me ha resultado realmente sorprendente dada la fama de su paciencia y tranquilidad; mi experiencia contradice totalmente este estereotipo: espirituales sí, en el templo; pero nada de paz y calma en la vida cotidiana.

En el momento en que intentas subir a un tren cientos de personas ansiosas empiezan a empujarse para subirse a la vez, o sino los autobuses locales que son de lo más concurrido y donde el conductor apenas se detiene para dejarte subir.

Lo que yo he podido observar en estos meses de la idiosincrasia india es contradictorio a ojos de un occidental. Los indios se ofrecen a ayudarte hasta extremos insospechados: para que llegues a tu destino o para que encuentres lo que buscas. En una gran mayoría de los casos, quizá porque el sur no es tan turístico como el norte del país, lo hacen de forma altruista a pesar de las pintas inevitables de turista que acarreamos. No obstante, cuando se trata de subirse a un medio de transporte o conseguir algo, la cosa se puede poner muy tensa, en un templo he llegado a ver cómo pegaban a alguien con una caña de bambú por saltarse las colas y ¡hemos llegado a las famosas colas de espera indias! En una estación de tren nos se respetan en absoluto, pero sí en los cines y en los sitios turísticos, aunque siempre con un punto de desesperación en sus caras por lo largo de la espera. Conmigo en todo momento han sido muy respetuosos, pero quizá es porque al ser extranjera consideran que tengo un estatus social superior, y es que desde luego el clasismo y la jerarquización de la sociedad india es inmenso, se puede ver en el trato a las hermanas, en el trato proferido por los empleados públicos al resto de la población, ¡en absoluto parece que estén ofreciendo un servicio! Sino que están por encima de los demás y así con ejemplos continuos cada día de cómo, aunque las castas estén abolidas por ley, siguen siendo un lastre para la sociedad.

Esto se puede ver, sobre todo, en lo que se refiere al reparto de la riqueza y a la obtención de un puesto de trabajo, pertenecer a una casta baja, los conocidos como dalits e intocables supone no tener derechos en absoluto en comparación con las castas más altas. Por ejemplo, en un pueblo en el que estuve cerca de Dindigal en Tamil Nadur al sudeste del país, el poblado estaba divido por castas y solo les separaba una carretera, las castas más bajas no pueden tener perros machos par evitar que dejen embarazadas a las perras de las castas más altas que viven enfrente. Sin embargo, en algunos lugares la pobreza es tal que yo misma soy incapaz de reconocer quién pertenece a las castas bajas o tribales y quien a las castas medias.
Esta situación parece ir mejorando con el trabajo de organizaciones nacionales e internacionales, pero el Gobierno mantiene una postura ambigua. Como decía, las castas están prohibidas por ley, pero las personas tienen un carnet de identidad donde se especifica con claridad su casta por nacimiento y de la que no se puede salir de por vida.

Es necesario conocer bien la mentalidad india para trabajar con ellos, puesto que los indios consideran, sobre todo si se trata de hindúes, que su nacimiento les liga de por vida a una casta determinada y creen que poco pueden hacer para cambiarlo. Por ello, sugerir educación, mejoras en las condiciones de vida y apoyar para que estas personas alcancen la igualdad de oportunidades es el mejor trabajo que se puede en India, aunque de momento persista la discriminación.

Tatiana Villacieros